
El día que se encontró $1,500 tirados en el estacionamiento del centro comercial Santa Rosa estaba tan arrancao que no tenía ni para gasolina, pero la conciencia limpia que deja la honradez pudo más y ayer fue a entregar el dinero cuya dueña había perdido sin darse cuenta.
Jonathan Julbe estaba con su novia Neydimarlene Carrero cuando vio en el piso del estacionamiento una cartera rosada. En un principio creyó que era una computadora pequeña. La tomó y se fijó en que había varios billetes. Con el temor de que alguien los observara, se montaron en el carro y ella los empezó a contar mientras él conducía. “Miré para los lados, no fuese a ser que alguien nos estuviera mirando”, recordó.
Cuando la novia terminó de contar los billetes le dijo que eso era mucho dinero.
“Hay que devolverlo”, fue lo primero que dijo Carrero cuando la cifra llegó a los $1,500.
En la cartera también había recibos de agua y luz, por lo que pudieron dar con la dirección de la persona, una mujer que no quiso identificarse pero que agradeció infinitamente la integridad de la pareja de jóvenes.
“Toma $100”, le dijo al estudiante de enfermería, quien agradeció la también gratitud de la mujer.
Aunque la reacción natural probablemente hubiera sido divagar un poco entre el “buen gesto” de entregarlos o la necesidad de tomarlos, los chicos aseguraron que nunca dudaron de lo que harían, no así algunos de sus familiares.
“Nos dijeron 'qué bobos'”, confesó el joven.
Aun cuando tenían la opción de entregarlos a la Policía y descansar en la efectividad de los agentes, la pareja prefirió hacerse cargo de la entrega porque no confiaba del todo.
“Está cañón ver esos chavos y necesitarlos”, admitió el estudiante de la Universidad Central de Bayamón, quien no tiene el dinero que necesita para comprar unas piezas de su carro.
En el momento en que encontró el dinero, ni siquiera estaba seguro de que pudiese llegar a su destino porque no tenía suficiente gasolina. Llegó a pensar, incluso, tomar un poco de dinero para llenar el tanque.
“Lo pensé, honestamente sí, pero los iba a devolver”, aclaró.
Con los $100 que le dieron de agradecimiento el joven quisiera comprar la pieza del carro, pero prefiere dividirlo en partes iguales con su novia, también estudiante y maestra de kínder.
“Me tienes que llevar a comer”, le dijo Carrero, una idea de la que parece ya habían conversado.
“Comemos primero y, si sobra, entonces la pieza”, agregó Jonathan, quien no parecía muy seguro de que el dinero fuera a dar para tanto.
Además del apoyo de los padres, quienes les aplaudieron el gesto de honestidad, un tío del joven de 18 años se emocionó tanto con la rectitud del también músico que le regaló $100, algo muy bien recibido en un recién desempleado.
“Perdí mi trabajo. Por eso estoy chavao”, contó sobre sus pasadas labores como asistente de electricista.
Además de arreglar la guagua, el joven pensó que con el dinero encontrado pudo haber adquirido algunas cosas para sus instrumentos musicales o, incluso, irse de viaje.
“Pero desde muy pequeño eso es lo que nos enseñaron. Ahora vivo de recompensas. Esto es un buen trabajo”, dijo antes de irse a comer.
Primera Hora P.R.


